Martes 17 de Febrero 2026 – Por Katya Aquino Salinas
El reciente tiroteo ocurrido en Pawtucket, Rhode Island, donde un padre transgénero de 56 años que asesinó a su exesposa y a su hijo antes de culminar con su vida, ha sacudido a la comunidad escolar y a miles de familias en todo el mundo. Más allá del dolor y la indignación, este hecho plantea preguntas urgentes sobre salud mental, inclusión y prevención de la violencia familiar.
Una tragedia que nos hace reflexionar
Lo que debía ser un partido de hockey escolar se convirtió en un momento de pánico y pérdida. Según las autoridades, el atacante, identificado como Robert “Roberta” Dorgan, tenía antecedentes de conflictos familiares y problemas emocionales no atendidos. Esta situación evidencia cómo la falta de apoyo psicológico y la invisibilización de conflictos personales pueden escalar a escenarios extremos.
Salud mental: una responsabilidad colectiva
Los expertos en psicología insisten en que la salud mental debe ser prioridad desde edades tempranas y en todos los ámbitos de la sociedad. Señales de aislamiento, depresión o conflictos sin resolución requieren atención profesional y acompañamiento constante.
- Buscar ayuda no es un signo de debilidad; es un paso para prevenir tragedias.
- Espacios escolares, familiares y comunitarios deben fomentar la comunicación abierta y el acompañamiento emocional.
- Programas de detección temprana y prevención de violencia familiar son herramientas vitales.
Inclusión y respeto: prevenir conflictos y estigmas
La identidad de género del atacante también pone sobre la mesa la importancia de la inclusión y el respeto a la diversidad, sin caer en estigmatizaciones. Los ataques no ocurren por la identidad de alguien, sino por la combinación de conflictos personales, problemas de salud mental no atendidos y falta de redes de apoyo.
Promover una cultura de respeto y acompañamiento, donde todas las personas puedan expresarse y recibir ayuda, es clave para prevenir actos violentos y proteger a las familias y comunidades.
Llamado a la acción
Este trágico hecho nos recuerda que cada familia, escuela y comunidad debe fortalecer la prevención y la atención emocional. Algunas medidas concretas incluyen:
- Revisar y fortalecer programas de salud mental en escuelas y espacios deportivos.
- Establecer canales confidenciales de apoyo para quienes atraviesan crisis emocionales.
- Fomentar la educación en diversidad, inclusión y empatía desde la infancia.
En un mundo donde la violencia familiar y los conflictos no resueltos pueden escalar de manera irreversible, prevenir es un acto de cuidado colectivo. Cada diálogo abierto, cada acompañamiento profesional y cada gesto de inclusión puede marcar la diferencia y salvar vidas.
