El consumo de refrescos entre niñas y niños registró una reducción de 2.2% entre enero y mayo de 2026, un cambio que las autoridades consideran relevante porque es la primera disminución observada en este indicador dentro de la población infantil.
Por primera vez, México registra una señal de cambio en uno de los hábitos alimentarios que más preocupa cuando se habla de salud infantil: el consumo de refrescos y otras bebidas azucaradas.
El secretario de Salud, David Kershenobich, informó que entre enero y mayo de 2026 el consumo de refrescos entre niñas y niños disminuyó 2.2%, como parte del seguimiento a las acciones de alimentación saludable implementadas en las escuelas.
La cifra puede parecer pequeña, pero adquiere otra dimensión al considerar que se trata de la primera reducción registrada en este indicador entre la población infantil.
México y el reto de reducir el consumo de refresco desde la infancia
El dato se produce en un país donde las bebidas azucaradas forman parte de los hábitos cotidianos de una parte importante de la población.
La propia Secretaría de Salud ha señalado que en México el consumo promedio alcanza 166 litros de refresco por persona al año y que siete de cada 10 niñas, niños y adolescentes consumen diariamente un refresco, incluso durante el desayuno.
El problema no se limita a la cantidad de azúcar que contiene una bebida. La preocupación está en la frecuencia con la que estos productos pueden incorporarse a la alimentación desde edades tempranas y en los efectos que un consumo elevado puede tener a lo largo de la vida.
De acuerdo con la Secretaría de Salud, reducir el consumo excesivo de azúcar desde la infancia puede contribuir a disminuir riesgos relacionados con sobrepeso, obesidad, diabetes y caries dental.
La Organización Mundial de la Salud también señala que el consumo de azúcares libres está relacionado con la caries dental y con otros problemas de salud asociados con dietas de alta concentración de azúcar. Para los menores de dos años, recomienda evitar las bebidas azucaradas.
¿Por qué es importante evitar el refresco en menores?
La infancia es una etapa en la que se forman buena parte de los hábitos alimentarios que pueden mantenerse durante años.
Por eso, reducir el consumo de refrescos no significa únicamente disminuir una bebida en el menú diario. También implica modificar la relación que niñas y niños desarrollan con las bebidas azucaradas y favorecer que el agua y otras opciones saludables formen parte de su alimentación habitual.
La preocupación tiene además un componente de salud bucal. La OMS explica que los azúcares libres presentes en alimentos y bebidas son un factor de riesgo importante para la caries, debido a que las bacterias de la placa dental los convierten en ácidos que dañan los dientes.
En México, la Secretaría de Salud reportó previamente que 59% de las niñas y niños revisados en escuelas presentaban caries, mientras que 39% presentaba condiciones de sobrepeso y obesidad.
10.8 millones de estudiantes fueron revisados
La reducción del consumo de refresco forma parte del seguimiento de las acciones de salud desarrolladas durante el ciclo escolar 2025-2026.
En ese periodo, las autoridades realizaron revisiones de salud a 10.8 millones de estudiantes de primaria en el país como parte de la estrategia Vive saludable, vive feliz. La SEP confirmó que la jornada alcanzó a más de 10.8 millones de niñas y niños en 83 mil primarias públicas.
El objetivo de estas acciones va más allá de detectar enfermedades una vez que aparecen: busca que la prevención y los hábitos saludables formen parte de la vida cotidiana de los estudiantes.
En ese mismo reporte, las autoridades señalaron una reducción de 7.1% en el consumo de tabaco entre la población estudiada.
El reto ahora es mantener la tendencia
El dato de 2.2% no significa que el problema del consumo de refresco entre menores esté resuelto. Representa, más bien, un primer cambio que tendrá que mantenerse y profundizarse para que pueda traducirse en beneficios sostenidos para la salud infantil.
La importancia está precisamente en el punto de partida: si los hábitos alimentarios se construyen desde la infancia, reducir desde esos años la exposición frecuente a bebidas con alto contenido de azúcar puede convertirse en una medida preventiva con efectos a largo plazo.
Para México, donde el consumo de refresco representa un desafío de salud pública, que por primera vez se registre una disminución entre niñas y niños coloca el dato más allá de una simple variación porcentual: muestra un posible cambio en los hábitos de una nueva generación.
