El cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán obliga a Tokio a prepararse para liberar crudo estratégico y enfrentar una posible crisis energética global.

La crisis energética provocada por el conflicto en Medio Oriente ya empieza a tener efectos directos en las grandes economías. Japón se prepara para utilizar sus reservas estratégicas de petróleo por primera vez desde finales de los años setenta, tras el cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán, una ruta por donde circula cerca del 20% del crudo mundial.

El bloqueo del Estrecho de Ormuz ha provocado una interrupción masiva en el transporte de petróleo desde Medio Oriente hacia Asia, Europa y Estados Unidos.

Por ese corredor marítimo se transportan alrededor de 20 millones de barriles diarios, lo que lo convierte en uno de los puntos estratégicos más importantes del comercio energético global.

Ante este escenario, el gobierno japonés ordenó a la base nacional de almacenamiento de petróleo en Shibushi, ubicada en Kagoshima, prepararse para una posible liberación de crudo.

Las refinerías del país ya están presionando para reducir su producción ante la incertidumbre sobre el suministro.

La dependencia energética de Japón es una de las más altas entre las grandes economías.

Más del 90% del petróleo que consume proviene de Medio Oriente, y aproximadamente 70% de ese crudo pasa por el Estrecho de Ormuz.

Si esa ruta permanece cerrada, el impacto puede ser inmediato:

  • escasez de petróleo
  • aumento del precio del combustible
  • presión inflacionaria
  • turbulencia en los mercados financieros

El efecto ya comienza a sentirse en la bolsa japonesa. El índice Nikkei 225 cayó 6,54% en medio de la incertidumbre energética.

La estrategia energética de Japón está marcada por un trauma histórico.

Durante la Crisis del petróleo de 1973, el embargo petrolero árabe puso al país al borde de una crisis económica severa.

A partir de entonces, Tokio comenzó a construir enormes reservas estratégicas de crudo en cavernas subterráneas y tanques de almacenamiento.

Entre los principales centros se encuentran:

  • Tomakomai
  • Mutsu-Ogawara
  • Shibushi
  • Kushikino

Estas reservas superan los 200 días de consumo nacional, una de las coberturas estratégicas más grandes del mundo.

La primera ministra japonesa Sanae Takaichi ha mantenido una postura firme frente a la crisis en Medio Oriente.

En declaraciones recientes afirmó que Irán no debe desarrollar armas nucleares, una postura que alineó a Tokio con la estrategia de Estados Unidos en la región.

Sin embargo, ese posicionamiento también coloca a Japón en una situación delicada si el conflicto continúa escalando.

Por ahora, Japón aún no ha liberado formalmente sus reservas estratégicas, pero el gobierno ya activó los protocolos para hacerlo si el suministro global sigue deteriorándose.

El escenario para el que Tokio se preparó durante más de 50 años podría estar comenzando.

Si el Estrecho de Ormuz permanece bloqueado y el conflicto regional se intensifica, la liberación de reservas estratégicas podría convertirse en una medida clave para evitar una crisis energética global.

El mundo observa con atención el desarrollo de la crisis en Medio Oriente. Mientras el petróleo sigue subiendo y las rutas energéticas se vuelven más frágiles, Japón activa un plan que lleva décadas guardado: abrir sus reservas estratégicas para enfrentar uno de los mayores riesgos para la economía mundial.