10 de febrero de 2026 | Katya Aquino Salinas
La crisis sanitaria y humanitaria dentro del sistema de detención migratoria de Estados Unidos sigue profundizándose. Dos casos confirmados de tuberculosis y al menos 18 contagios de COVID-19 fueron detectados en Camp East Montana, el mayor centro de detención para migrantes del país, según confirmaron autoridades locales.
La información fue revelada por la legisladora Verónica Escobar, quien afirmó que tuvo conocimiento de los brotes desde el mes pasado durante una reunión en la que participaron funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional (DHS). La congresista visitó el centro el pasado viernes y advirtió que los problemas lejos de resolverse “persisten”.
Un megacentro bajo la lupa
Camp East Montana no es un centro de detención convencional. Se trata de un megacentro compuesto por carpas, no por edificios, con capacidad para albergar hasta 5 mil personas migrantes. Estas condiciones han sido duramente criticadas por organizaciones defensoras de derechos humanos, que han exigido incluso su cierre inmediato, al considerar que el lugar no garantiza condiciones mínimas de salud, seguridad ni dignidad humana.
La administración del centro está a cargo de la empresa privada Acquisitions Logistics, cuya gestión, según denunció Escobar en la plataforma X, está “cada vez peor”. El señalamiento reabre el debate sobre la privatización de los centros de detención migratoria y la falta de supervisión efectiva por parte del gobierno federal.
Muertes, violencia y negligencia
La situación dentro de Camp East Montana es aún más alarmante. Tres personas han fallecido en lo que va del año dentro del centro. De acuerdo con versiones oficiales y filtraciones a medios estadounidenses:
- Una murió por suicidio.
- Otra falleció tras una falla renal.
- La tercera perdió la vida por “homicidio”, luego de un enfrentamiento con personal del centro.
Estos hechos refuerzan las denuncias de violencia institucional, negligencia médica y condiciones inhumanas que, según activistas, son una constante en este tipo de instalaciones.
Brotes que se repiten
Los reportes de tuberculosis y COVID-19 se conocen apenas una semana después de que Estados Unidos confinara otro centro de detención en Texas, el único donde permanecen familias migrantes, tras un brote de sarampión. Para expertos en salud pública, esto evidencia un patrón sistemático de fallas sanitarias dentro del sistema migratorio.
Detenciones récord y un sistema rebasado
El contexto agrava la crisis. Bajo la actual Administración, las detenciones de migrantes alcanzaron niveles históricos. Tan solo en enero, más de 73 mil personas migrantes permanecieron detenidas, la cifra más alta desde la creación del DHS en 2001, según datos filtrados a la cadena CBS News.
Además, 2025 fue el año más mortífero en al menos dos décadas para personas bajo custodia del ICE, con más de 30 fallecimientos, una estadística que enciende alertas dentro y fuera de Estados Unidos.
Más allá de la frontera
Los brotes de tuberculosis, COVID-19 y sarampión no solo afectan a las personas detenidas. Representan un riesgo de salud pública que puede extenderse al personal, a comunidades cercanas y a otros centros.
Camp East Montana se ha convertido en un símbolo incómodo de una realidad que muchos prefieren no mirar: la migración no es solo un tema de seguridad fronteriza, sino de derechos humanos, salud pública y responsabilidad del Estado.
