CIUDAD DE MÉXICO, 19AGOSTO2019.- Con simuladores virtuales y de alta fidelidad, la UNAM se mantiene a la vanguardia en la enseñanza de nuevos procedimientos clínicos y quirúrgicos. Médicos residentes pueden practicar, por ejemplo, la atención a una mujer embarazada con preclamsia o hemorragia obstétrica, a un bebé prematuro o a un hombre con crisis convulsivas o estado de choque, entre otras afecciones. Los nuevos equipos (simuladores de cuerpo completo, con variables de presión arterial, frecuencia cardiaca y saturación de oxígeno, entre otros) se encuentran en el Centro de Enseñanza por Simulación de Posgrado (CESIP), de la División de Posgrado de la Facultad de Medicina (FM). También cuentan con simuladores virtuales para realizar endoscopías, broncoscopías, colonoscopías, o para desarrollar habilidades técnicas en procedimientos endovasculares a nivel cerebral, o cardiovasculares, con los que se busca capacitar a médicos especialistas. FOTO: UNAM /CUARTOSCURO.COM

Lunes 2 de febrero de 2026 — Hecho por: Katya Aquino Salinas

São Paulo / Brasil. Brasil, la nación con uno de los sistemas de salud pública más grandes del mundo, vive una sacudida educativa que pone en alarma a profesionales de la salud, autoridades del sector y a la población entera: más de 13 000 estudiantes de Medicina que están a punto de graduarse han demostrado no tener los conocimientos mínimos para ejercer la profesión, según los resultados de la primera evaluación nacional de formación médica, el Examen Nacional de Avaliação da Formação Médica (Enamed).

En una sociedad globalizada donde la salud pública y la calidad de los servicios son temas centrales de debate, este fenómeno brasileño genera preguntas incómodas: ¿qué tan preparados están los futuros médicos? ¿Es suficiente la capacitación actual? Y, de fondo, ¿qué significa esto para millones de vidas que dependen de un diagnóstico acertado?

El Enamed 2025 evaluó a casi 90 000 alumnos de 351 programas de Medicina de todo el país, tanto públicos como privados. El resultado fue impactante: aproximadamente un 30 % de las facultades no alcanzó el rendimiento mínimo esperado, y cerca de 25 % de los estudiantes suspendió la prueba. De esos, unos 13 000 alumnos en el último semestre fallaron en temas básicos de medicina, desde diagnósticos elementales hasta prescripciones médicas esenciales.

Este diagnóstico no es menor: representa una amenaza directa a la calidad del sistema de atención médica y un desafío enorme para Brasil, país que lucha por repartir médicos en regiones remotas del Amazonas o en comunidades rurales donde el acceso a servicios sanitarios es todavía precario.

¿Dónde están las fallas?

La evaluación detectó que las peores calificaciones provienen de facultades municipales y privadas con fines de lucro, muchas de ellas creadas en los últimos años sin controles estrictos de calidad educativa. Esto ha aumentado las críticas sobre la expansión acelerada de la educación médica sin supervisión adecuada.

Las instituciones que no alcanzan un mínimo de rendimiento podrían enfrentar sanciones como restricción o reducción de plazas, suspensión de exámenes de ingreso e incluso riesgo de cierre, según anunció el Ministerio de Educación brasileño.

El debate que se abre

Mientras sectores sanitarios ven con preocupación un futuro en el que médicos mal preparados puedan diagnosticar erróneamente o indicar tratamientos inadecuados —situaciones que pueden traducirse en riesgos reales para la vida de los pacientes—, el gobierno brasileño defiende la creación de estas herramientas de evaluación para mejorar la formación desde la raíz.

“La intención no es castigar a los estudiantes, sino garantizar que las universidades reflexionen sobre la calidad de sus laboratorios y docentes”, afirmó el ministro de Educación, ante la ola de críticas.

¿Y MÉXICO, CÓMO ESTÁ FRENTE A ESTE DESAFÍO?

La situación brasileña también despierta preguntas en México, un país con sus propios retos en educación y salud que, aunque distintos, convergen en la urgencia de fortalecer la formación médica para atender a toda la población.

En México existen más de 140 escuelas de medicina entre públicas y privadas, con una gran diversidad en calidad y programas educativos, lo que ha generado debates sobre su coherencia y estándares formativos. A diferencia de Brasil, donde se está implementando un examen nacional generalizado para evaluar a todos los estudiantes, en México no existe una evaluación única obligatoria a nivel nacional para acreditar la calidad de todos los médicos al egresar. Sin embargo, sí hay sistemas de acreditación como el Consejo Mexicano para la Acreditación de la Educación Médica (COMAEM) y evaluaciones como el ENARM, que sirve de filtro para acceder a residencias médicas y es considerado un referente de calidad.

Además, el examen ENARM en México es un componente clave en la formación profesional: cada año miles de médicos compiten por plazas de especialidad, lo que indirectamente obliga a muchos a prepararse con altos estándares académicos.

México también enfrenta una escasez de médicos en ciertas zonas rurales o marginadas, donde la distribución de profesionales no es equitativa; un problema similar al de Brasil aunque por otras razones socioeconómicas y demográficas. A esto se suman discusiones sobre la calidad de la enseñanza, la actualización del plan de estudios y la evaluación continua de programas educativos, algo en lo que México ha avanzado con procesos de acreditación y normativas específicas.

Conclusión: una lección para América Latina

La alarma en Brasil pone de manifiesto un asunto crítico: la formación de médicos no puede ser un proceso descuidado ni disparejo, porque de ello depende la vida de millones de pacientes. Si bien México aún no enfrenta una evaluación nacional homogénea como la brasileña, los mecanismos de acreditación y la exigencia del ENARM representan pasos claves para elevar estándares y garantizar que los futuros médicos estén realmente preparados.

La crisis educativa brasileña es un espejo que debe inspirar a los países de la región —México incluido— a revisar, evaluar y fortalecer cada etapa de la formación médica, desde el ingreso hasta la especialización. La salud de la población, más que nunca, exige profesionales competentes, éticos y bien formados.