Martes 27 Enero 2026 | Katya Aquino Salinas
El mundo del deporte, la política y la cultura pop se fusionaron en una polémica que ha encendido las redes y los titulares globales: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que no asistirá al Super Bowl LX, programado para el 8 de febrero de 2026 en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California. Esta decisión no solo sorprendió por tratarse del evento deportivo anual con mayor audiencia en el planeta, sino por la forma en que el mandatario la justificó y aprovechó para arremeter contra el artista puertorriqueño Bad Bunny y la banda Green Day.
Distancia y “razones logísticas”: la excusa oficial
Trump aseguró que la localización del evento está “demasiado lejos” y que por esa razón prefería no viajar desde Washington hasta California, rechazando su participación en el que muchos fanáticos llaman “el Super Domingo”. Cabe recordar que el año pasado sí asistió al partido en Nueva Orleans, rompiendo esquemas como el primer presidente en funciones en acudir a un Super Bowl.
¿La verdadera razón? Críticas a Bad Bunny y Green Day
Aunque el mandatario mencionó motivos logísticos, sus declaraciones se volvieron virales por su tono político y cultural. Trump se declaró “en contra” de Bad Bunny y Green Day, calificando su inclusión en el espectáculo como una “pésima elección” que, según él, “solo siembra odio”.
Bad Bunny, elegido para encabezar el show del medio tiempo, es una de las figuras más escuchadas globalmente y ha sido crítico abierto de algunas políticas y retóricas vinculadas a Trump y su administración. Por su parte, Green Day, banda de punk con décadas de trayectoria, ha tenido una relación tensa con Trump por sus letras y actuaciones políticamente cargadas en el pasado.
El choque entre política y cultura pop
El rechazo de Trump no solo se limita a opiniones musicales. En su declaración al New York Post, el presidente dijo sentirse “anti-ellos”, refiriéndose a Bad Bunny y Green Day —una postura que muchos interpretan como un choque directo entre corrientes culturales juveniles globales y discursos políticos conservadores.
Expertos y analistas han señalado que este tipo de declaraciones refleja una tendencia más amplia: cuando grandes eventos culturales se vuelven escenario de debates sociales y políticos, las figuras públicas utilizan estas plataformas para reforzar posturas ideológicas o movilizar a su base de apoyo. En este caso, el Super Bowl —con decenas de millones de espectadores en todo el mundo— se convierte en un campo de tensión simbólica entre distintos grupos generacionales y culturales.
¿Qué sigue?
A pesar de la polémica, la NFL confirmó que Bad Bunny y Green Day seguirán como parte del lineup oficial del evento, y el Super Bowl LX continúa atrayendo expectación por su mezcla de espectáculo deportivo y entretenimiento masivo.
Mientras tanto, la decisión de Trump ha generado discusión global sobre libertad artística, inclusión cultural y el papel de las figuras políticas en eventos públicos de enorme impacto mediático —un debate que va mucho más allá del fútbol americano.
