Dos mujeres que trabajaron en propiedades del cantante Julio Iglesias han hecho públicas acusaciones de presuntos abusos, conductas inapropiadas y uso de poder durante el tiempo en que estuvieron empleadas en sus mansiones del Caribe. Los hechos relatados, que habrían ocurrido entre 2020 y 2021, no han sido juzgados ni probados en sede judicial, pero forman parte de una investigación periodística difundida por varios medios internacionales.

Relatos que apuntan a un patrón de conducta

Las denunciantes, cuyas identidades se mantienen en el anonimato, aseguran que trabajaron bajo un régimen interno en residencias ubicadas en Punta Cana (República Dominicana) y Lyford Cay (Bahamas). Según sus testimonios, el entorno laboral estaba marcado por una fuerte jerarquía, control estricto del personal y una relación de poder desigual.

Una de las mujeres, quien se desempeñaba como empleada doméstica, sostiene que fue convocada en reiteradas ocasiones a espacios privados del artista fuera de su horario laboral, donde —según su versión— se produjeron contactos físicos no deseados y episodios de intimidación. La mujer afirma que accedía por miedo a perder su empleo y por la presión ejercida desde la estructura interna del personal.

La segunda extrabajadora, que trabajaba como terapeuta física, relata que habría sido objeto de acercamientos insistentes, besos forzados y tocamientos no consentidos, supuestamente ocurridos en zonas privadas de la propiedad, como la piscina o la playa. Ambos testimonios coinciden en describir un clima que, según ellas, resultaba difícil de denunciar por el aislamiento y la dependencia laboral.

Condiciones laborales bajo cuestionamiento

Más allá de los episodios concretos, las extrabajadoras describen condiciones laborales que consideran irregulares, entre ellas:

  • Restricciones para salir de las propiedades y limitaciones en la comunicación con el exterior.
  • Supervisión constante por parte de personal de mayor rango.
  • Entrevistas previas al empleo con preguntas de carácter íntimo, que, según las denunciantes, resultaban invasivas.

Estos elementos, de acuerdo con los testimonios, habrían contribuido a un entorno de vulnerabilidad que facilitó los presuntos abusos.

Investigación periodística y corroboraciones

Las acusaciones forman parte de una investigación desarrollada durante varios años por medios de comunicación, basada en entrevistas múltiples, revisión de mensajes, documentos y testimonios de terceros, incluidos exmiembros del personal. Los periodistas responsables señalan que los relatos se mantuvieron coherentes en el tiempo, aunque subrayan que no sustituyen una investigación judicial.

Hasta el momento, no consta la apertura de una causa penal relacionada con estos hechos.

Silencio del entorno del artista y repercusiones públicas

Ni Julio Iglesias ni su equipo legal han emitido declaraciones públicas respondiendo a estas acusaciones. Sin embargo, la publicación de los testimonios ha generado reacciones políticas y sociales, incluyendo peticiones para revisar reconocimientos honoríficos otorgados al artista, bajo el argumento de que las acusaciones deben ser esclarecidas.

Un ícono bajo escrutinio

Julio Iglesias, uno de los artistas españoles más reconocidos a nivel mundial, enfrenta así una de las controversias más delicadas de su carrera, marcada no por sentencias judiciales, sino por relatos que han reabierto el debate sobre abuso de poder, relaciones laborales desiguales y la dificultad de denunciar en entornos de élite.